domingo, 4 de mayo de 2014

Volver.-

Escucho el punteo de la guitarra claro a través de mis auriculares, mientras la luz me molesta, y mi mente no puede decidirse una vez más sobre que camino tomar.
El bajo marca como van pasando los segundos, los momentos, las habitaciones llenas de historias, girando a mi alrededor, invitándome a entrar. Y yo, calma por fuera, tormenta por dentro, me dispongo a verlas pasar mientras la música me lleva al único lugar al que sé pertenecer. La pluma, el papel, la velocidad del sonido vence a mis neuronas, que vencen a mis dedos.
El mundo se acelera, me rodea, y mis manos no se detienen, necesito seguir. Mi pulso aumenta, gotas de sudor caen por mi sien, un leve gemido lucha por salir de mi boca, y mis ojos se mueven frenéticamente, persiguiendo las palabras que fluyen en tinta, intentando alcanzar a las letras que parecen escaparse, evadirme, juguetear con la idea de tenerme bajo su control.
Y llega. Implosiona el último acorde de la última canción. Mis manos se detienen, la historia está escrita, mi alma se vació sobre el papel. Pero el mundo, las horas, y mi mente siguen...preparándose para la próxima introducción.

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