lunes, 26 de mayo de 2014

Revelación

Recorrió montañas, bares, mesetas, escaleras de emergencia, mares y subterráneos buscando esa respuesta. Caminó por debajo de todas las tonalidades del cielo existentes esperando llegar a ese punto cúlmine.
Nunca creyó en la magia, basó su vida en las pruebas tangibles que se cruzaban por su camino de que había un último objetivo y nada tenía sentido excepto ese final. El presente servía para llegar allí, y el futuro era invisible, inservible. Las personas que conocía eran vanas generalmente, apartando a unas cuantas excepciones de quienes extraía casi quirúrgicamente lo que podía usar, atesorándolo y diferenciándolo de la persona en sí, que una vez adquirido el conocimiento se transformaba en un mero recuerdo para pasar las noches.
Durante la noche también catalogaba las sensaciones que había experimentado durante el día, con un rigor científico: quería aislar cada sentimiento generado, analizarlo, buscar sus causas e inmediatas consecuencias, y plantear hipótesis de adonde lo llevarían a largo plazo, y como eso impactaría a su objetivo final.
Cualquier ser humano habría desistido en la búsqueda años atrás, pero el tiempo que pasaba sólo le servía de estímulo para acelerar el proceso, para disfrutar cada vez más esa especie de cacería, que estaba seguro terminaría pronto.
Pero, qué era aquello lo que buscaba?
Buscaba una finalidad. Buscaba ese concepto que cambiara su vida. Buscaba la dirección a partir de la cual cada decisión suya se basaría. Buscaba un principio de todo, que serviría como final.
Años de bibliotecas, conversaciones, de contemplar paisajes con la única certeza de que allí no se hallaba lo que estaba buscando, pero que cada vez se encontraba más cerca...


Fue un día tranquilo, como muchos otros. Amaneció, recorrió parques, miró al otoño a la cara, escuchó canciones antiguas para sonsacarles un significado nuevo, y se perdió por algunas calles algo sucias y pobremente iluminadas. El día llegaba a su final cuando se subió al tren sin pagar boleto y se sentó en el piso a observar el movimiento de las cosas y la estática de su búsqueda. Fue un segundo. Sólo tomó un segundo. Los colores que pasaban se arremolinaron y tomaron forma en su cabeza, a ellos se le sumaron letras de canciones, de periódicos, de libros usados comprados en una feria; eso se conjugó con el perfume de la primer persona que lo había inspirado a buscar, con el suave tacto de la piel de aquellos a quienes nada les importa, con el sabor que había dejado en su boca la primer persona en la que confió. Volvió a mirar a su alrededor absolutamente abrumado mientras un guarda le pedía boleto, y él solo pudo susrrar la tan ansiada respuesta que había estado esperando: TODO EXISTE.-

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