En el ocaso de un incomprensible averno
siempre listo, siempre eterno.
Mis ojos observan al sol muriendo
y las fronteras del desierto se van rompiendo.
Ante mi mirada se derretìan los cielos
junto con versos de cuentos que no pude leer
Y las montañas me envolvìan en quietud
mecièndome en su còmoda altitud.
Me elevo a lo nuevo
y no vuelvo, no quiero volver.
No quiero bajar de esta infinidad.
Quedarme a erosionar
quedarme a crear, en este, mi lugar.
4 comentarios:
sera que es comodidad y seguridad lo que hace que te quedes en tu lugar?
El ocaso de un averno siempre suena como que lo mejor está por venir.
el vertigo, me parece, es que es una comidad, más que una comodidad... un interesante "lugar" para estar.
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