Y aquella noche, en ese instante la sombra se volatilizó para ser sólo un elemento más en un estado de inconciencia, mientras los gatos maullaban y los autos paseaban por los caminos pavimentados de rocío. Y su rostro era un reflejo de todo aquello que existía en el universo. Todo lo conocido se expresaba en sus pupilas que
refulgían a la luz de los ojos que lo miraban.
Quién se atrevería a quebrar tan frágil equilibrio? El agua se derramaba al ritmo de esa que fue tu canción favorita en algún atardecer y las copas no alcanzaban a contener el aire, las voces, el delirio.
La ciudad se extinguía sobre un manto de niebla que se asemejaba a nada, pero escondía todo.
Y mientras que la existencia del mundo se limitara a sus ojos, todo fluiría, y eso era lo único que había que saber.
Gatos, gritos, sudor, sonido, agonía, color, sus ojos, mi todo. Entropía en forma de agonía.-
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1 comentario:
HER-MO-SO
Es muy vos, en serio. Me encanta. Precioso.
Todo lo conocido se expresaba en sus pupilas que
refulgían a la luz de los ojos que lo miraban.
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